miércoles, 30 de enero de 2013

El armario

María José Alonso (Lanzarote)

¿Qué tendrá el armario, que cuesta tanto salir de él? No dejo de preguntármelo.

 ¿Será tal vez como el de las Crónicas de Narnia, que franquea el paso a un mundo mágico, lleno de seres irreales y plagado de aventuras, en las que se puede ser el héroe todopoderoso y eternamente vencedor, admirado y respetado, siempre en el lado correcto e imbuido de todas las virtudes?


Quizás lo que se esconde detrás de la puerta secreta sea un garito oscuro, arquetipo del vicio y las perversiones, en el que se puede dar rienda suelta a los instintos más primarios y vomitar las frustraciones de la vida cotidiana sin nadie que te enjuicie o te censure.

Sin embargo, me inclino a pensar que la auténtica naturaleza del armario no trasciende la definición de un espacio limitado, cerrado y asfixiante cuya única finalidad es proporcionar resguardo y confort a objetos inanimados, y si consiguiéramos hacer que el panel de cálida madera del fondo se replegase sobre sí mismo, nos daríamos de bruces con la pared de inmisericorde cemento.

Así las cosas, lo suyo sería darse la vuelta, hacer una profunda inspiración para dejar que aflore el héroe que llevamos dentro, apartar la brazada de prendas que no nos deja ver la puerta de salida, y abrirla de par en par para salir inundados de luz a librar auténticas batallas, las que la vida te presenta cada día, armado no con todas las virtudes, sino con el respeto hacia ti mismo, a lo que eres, que es lo único que conduce a la victoria.

Y como todo buen guerrero, al final siempre podemos buscar nuestro descanso en cualquiera de los muchos cuartos oscuros que hay fuera del armario.




1 comentario:

c dijo...

Es verdad que muchas veces esto se asimila a una batalla, pero cuando uno tiene las cosas claras siempre sale victorioso. Y para descansar, a por los cuartos oscuros jejejeje