jueves, 21 de febrero de 2013

El infierno de mi mejor amigo



Por Roberto Orozco (Sevilla)

El primer día de clase lo vi pasar con un gesto altivo, unos andares tambaleantes y un rostro parecido al de entonces mi ídolo, Pedro de Los Pecos. Yo tenía 14 años, así que no tardé en enamorarme al estilo 'fan' y lo acosé como si se tratara de un ídolo pop. Pero no lo era. No era más que un adolescente perdido y dudoso de su sexualidad. No era más que una víctima de la moralidad católica opusina de su familia. El problema es que la mitad de los hijos de aquella familia de biempensantes “pequeño burgueses” de provincia eran homosexuales. Puedo asegurar que no hacía falta que lo jurasen porque a simple vista era más que evidente.


Aquel bello ángel se convirtió en mi mejor amigo de juventud. Creo que le debo mi visión de la vida, siempre rodeada de sarcasmo para sobrellevarla, tal como hacía él. Nos confesamos nuestra tendencia sexual a los 17 años y vivimos nuestra entrada en el mundo gay, que fue más bien un sórdido recorrido por cuartos oscuros e historias sin continuidad. Esta persona brillante en su creatividad se convertía, sin embargo, en la peor de la víboras cuando alguien, aunque fuera yo, osaba mezclar en la misma conversación a su familia con el hecho de su homosexualidad. Le atormentaba que sus padres pudieran siquiera sospechar su condición, menos aún que supieran de su doble vida.

Este chico, del que mi propia trayectoria vital me separó, estaba en un doloroso armario no sólo para él, sino para quien le quería. Fuimos todos víctimas de sus miedos, en mi opinión generados por la intolerancia y el rechazo social. Hoy, en el país más avanzado del mundo en derechos sociales, he pensado en quien forjó mi, para algunos especial sentido del humor, y deseo que en este momento sea de verdad libre para mirar de frente a su entorno. No lo he vuelto a ver en los bares de ambiente de Sevilla, pero no descarto hacerlo a la salida de misa de 12 en El Salvador.

3 comentarios:

adalberto subirana xxxgay dijo...

No he vivido en carne propia estas experiencias, pero me ha golpeado la frase "un sórdido recorrido por cuartos oscuros e historias sin continuidad". Una verdadera lástima que el descubrimiento personal de algo tan bonito como la propia sexualidad se acabe convirtiendo en eso. Tanto en tan pocas palabras.

Anónimo dijo...

No descarto hacerlo a la salida de misa. Ahí dentro (ya sea por una cosa u otra) hay muchos que ocultan su homosexualidad o viven con ella como si fuera un problema

Sex Shop dijo...

Muy buenoooooooo!!!!!!!!