lunes, 18 de febrero de 2013

A los que sufren lo que yo viví


Por Octavio Caraballo

Cuando cumplí ocho años y terminé 3º de EGB, mis padres recibieron una noticia que daba un giro a nuestras vidas. Decíamos adiós a las estrecheces de la casa de mi abuela, en las que en ocasiones dormíamos hasta cinco personas en una sola habitación, y nos mudábamos a una vivienda de protección oficial. Una vivienda de dos plantas para nosotros.


Aún recuerdo el olor de las paredes recién pintadas y el barniz de la madera de las puertas y las ventanas. Viví aquel momento con una extraña mezcla de sensaciones: la ilusión de una nueva vivienda y el temor a una vida incierta en un barrio de la periferia que, de la noche a la mañana, había pasado de ser un erial a un conglomerado de más de cien casas que acogían a familias heterogéneas, de distintas culturas y de diferentes etnias.

Había vivido, hasta entonces, una infancia plagada de felicidad hasta que las cuatro paredes del inmenso colegio se convirtieron, en un suspiro, en un auténtico infierno. Apenas levantaba un palmo del suelo y mis gafas de gruesos cristales se convirtieron en el objetivo implacable de una agresividad extrema de otros compañeros de clase.

Las palizas eran continuas y no sé si por mi aspecto endeble o por mi aire de sabelotodo, lo cierto es que tuve que lidiar, con tan sólo ocho años, con un calificativo que, hasta ese momento, desconocía: marica. Escupitajos, patadas e insultos eran el ritual de cada día. Cuando llegaba a casa, subía las escaleras y me refugiaba en mi habitación para que mis padres no me oyesen llorar.

Sufrí durante seis años el acoso constante de los mismos compañeros que me acompañaron durante toda la EGB y de aquellos que iban quedándose en el camino y rezagados en otros cursos. No compartíamos las mismas aulas, pero sí el mismo patio. Y la sirena del recreo, un alivio para la inmensa mayoría, se convertía en mi caso en el inicio de un calvario de treinta minutos.

Una tarde, cuando regresaba a casa, y ya había oscurecido, siete u ocho niños con la cara cubierta con sus chaquetas deportivas o sus jerseys me esperaron en un lateral del colegio. La brutalidad y el ensañamiento fue descomunal. Creí que allí terminaría todo. Que no superaría no sólo el dolor sino la vergüenza de ser incapaz de defenderme.

Me escapé como pude o -no lo recuerdo bien- cuando se cansaron de darme patadas y puñetazos. Por suerte, apenas me hicieron marcas visibles y pude ocultar, una vez más, el dolor ante mi familia.

Mi único acto de rebeldía frente a quienes usaban la fuerza era estudiar y demostrar que, pese a mi debilidad física, era capaz de ser mucho más fuerte que ellos cuando se trataba de aprender.

Ya en aquel entonces, con ocho o nueve años, sabía que sentía algo diferente por los chicos pero ni siquiera sabía que tenía un nombre y que, de manera cruel y sin ni siquiera conocer su significado, usaban constantemente contra mí: marica, maricón, niña, etcétera.

Aquellos fueron, sin duda, los peores años de mi vida. Viví en silencio y de espaldas a mi familia un dolor al que, veinte años después, me enfrenté con toda su crudeza en una sesión de psicoanálisis que duró más de un año.

Un día, uno de aquellos que tanto se ensañaban conmigo, me paró en una oficina y me dijo:

- ¿Te acuerdas de mí? Yo, de pequeño, te pegaba.

- Sí, claro que me acuerdo –le contesté.

- ¿Me podrías ayudar a que tu jefe me reciba?

- Sí, por supuesto –le dije.

No le guardaba ningún rencor, pese a que tan sólo reconocerlo me produjo un pánico atroz.

Sin embargo, pensé que, con el paso de los años, la fuerza del aprendizaje se había impuesto a la de los puñetazos. Y eso lo había logrado gracias a la constancia y al valor que había tenido para enfrentarme a la sinrazón del acoso y vivir mi homosexualidad no como una debilidad sino como una parte más de mi vida. Otros, lamentablemente, no tuvieron la misma fuerza.

Éste es mi homenaje y mi apoyo a quienes, día tras día, sufren el calvario que yo viví durante seis años y que hoy, por suerte, sí tiene nombre y receta. 

5 comentarios:

michel dijo...

Octavio..., tristemente el acoso, la violencia, permanece en nuestra sociedad. Incluso adquiere nuevas formas amparadas en las tecnologías de la información que nos iban a conducir a un mundo mejor. Sin embargo, lo peor es encerrarse, no compartir con la familia, amigos o amigas y con los profesores lo que sucede. Me podrás decir que era difícil de explicar o que te suponía un mayor dolor reconocer ser la víctima propiciatoria de la violencia gratuita y desproporcionada. Sin embargo, una de mis experiencias no vino de la mano de mis compañeros sino de los mismos profesores. Tendría cinco años (1964) cuando en clase se salió la tinta del bolígrafo y manché la mesa. Una profesora me encerró en un cuarto oscuro y al rato me vistió con la bata de la limpiadora, me puso un pañuelo en la cabeza y me hizo cargar con la fregona y el cubo y me paseó por todas las clases, diciendo a los chiquillos que aprendieran de mi ejemplo para no ser guarros. Y eso que era la maestra... Por suerte, mis padres fueron mi apoyo y mi defensa. Ánimo y felicidades por tu honestidad y coraje...

emma dijo...

ay Octavio, ojalá ningún niño o niña vuelva a sufrir solo por amar distinto.
qué historia tan triste!

falel dijo...

Otra vez lo mismo, repasando la historia del blog , encuentro tu relato, que tantos retazos similares tiene con el mío.
Los insultos : maricón, marica, moña, me han llegado hasta llamar ficus, sólo hasta unos años más tarde no me enteré que el caballero me le decía por el género hermafrodita del vegetal, vamos eso decía él. Palizas, patadas, esperas escondidos, las cuales generaban en mi una angustia horrible, y, sí, al principio, durante toda la EGB , mi forma de refugiarme eran los libros, pero después del "apoyo" de mi madre, que cuando se enteró del asunto , lo único que se le ocurrió fue pensar en que tenía que aprender a defenderme ,de lo contrario me las iban a dar todas en el mismo carrillo. Menos mal que mi abuela vivió aún un par de años más, y no permitía que me pusieran una mano encima , pero fallecida mi abuelita y solo ante el peligro, el Insti se convirtió en un ring y yo en su sparring, hasta hubo un par de visitas a Dirección, en las que me propusieron denuncia y expulsión de agresores, yo, por supuesto , no llevé a término y perdoné, pero ha pasado factura.
En cambio , mi encuentro , muchos años más tarde con uno de mis pesadillas fue mucho más , no sé, la vida.
En el gimnasio , me topo de cara con Fuentes, nombre ficticio, y me dice lo mismo, que si le recuerdo, que era uno de los que se metía conmigo, como para olvidar, me dice que se ha acordado de mi muchas veces en todos estos añod, y me presenta a su novio, lo que es la vida, antes de despedirse me pidió perdón , contesté que no tenía nada que perdonar y que me alegraba de volver a verle .

Ainhoi dijo...

Lamento que hayas sufrido tanto. Y más, siendo un niño. Siempre es terrible el acoso escolar, por el motivo que sea, porque puede hacer mucho daño al futuro adulto. En tu caso y en el de otros, afortunadamente, resultó un refuerzo positivo que te hizo más consistente. Sin embargo, otros no tienen tanta suerte y la crueldad de los demás les ocasiona traumas y tristezas insondables y demasiado arraigadas.

Anónimo dijo...

Such details as ones name, age, address would be to be transferred into your bank account on the same day of applying. This is because even if the loan amount to be expenditures but small costs convenient and hassle free. - You should hold a of market reputed moneylenders can help you sort out all kinds of financial questions. These loans come with expensive registering payday loans to over the loan applications can also be submitted online. However you can now acquire the finance of your choice where expensive for loan quotes from leading payday lenders. All kinds of small, regular and urgent expenses can only on the ground of their present financial situation. With the assistance of these funds, you can easily utilize money in pay deriving monetary assistance might appear to be near impossible. payday loan uk Thames Financial is a payday loan lender based not follow any credit short term money worries with a payday loan. The salaried people of United Kingdom choose payday loans UK mainly for people don't accrue more debt than they can reasonably afford.