sábado, 2 de marzo de 2013

Octavio, 2 años. Arrecife (1973)

Yo, con tan sólo dos años, en la casa de mi abuela, en Arrecife (Lanzarote)

Tenía cinco años y era la primera vez que tenía la posibilidad de explorar más allá de la casa de mi abuela. El colegio era la puerta a un apasionante mundo de nuevos conocimientos y al contacto con niños y niñas de otros barrios de una Arrecife que comenzaba a despuntar y dibujar los trazados de la ciudad tal como la conocemos hoy.



Con apenas cinco años no sólo supe que me sentía atraído por los niños sino que, además, viví con una pasión desmesurada para un niño de tan corta edad una sensación de atontamiento por un compañero de clase, Guillermo. No sé si se trataba de un sentimiento prematuro de amor o  la devoción por un niño brillante en los estudios y valiente en el patio del colegio.

Estoy a punto de cumplir 40 años y han pasado casi 35 desde que paseaba cada día por la estrecha vereda de tierra y las primeras calles asfaltadas que discurrían desde la casa de mi abuela al colegio Benito Méndez. Años en los que sufrí las primeras embestidas de lo que hoy tiene denominación –acoso escolar- y que en aquella época era tratado con una cruel indiferencia.

Guillermo, hijo de la profesora, fue consolidándose durante tres años como un héroe inalcanzable. Inaccesible para un enano que apenas levantaba un palmo del suelo y que trataba, sin éxito, de llamar su atención con el único arma que tenía entonces: las enormes ganas de aprender.

Tres años después, nos separamos. Él siguió los caminos de su madre hacia otro centro y yo seguí los pasos de mi familia hacia nuestra primera casa y un nuevo colegio.

Apenas dos o tres años después nos volvimos a encontrar sobre una pista de balonmano, en bandos opuestos. Yo seguía mirándole entonces con la misma admiración que el primer día. Él, en cambio, siguió tratándome con la distancia y con la indiferencia de quien se sabe admirado.

Estas escenas de mi infancia fueron mi primer encuentro con mi homosexualidad. Un tierno retrato de un niño que no sólo comenzaba a dar sus primeros pasos en la vida sino también en un mundo que le causaba rubor y una inseguridad patológica.

Pese a las sombras, recuerdo aquella etapa con nostalgia. Ha habido, desde entonces, algunos nubarrones, pero lo que hoy importa es la tranquilidad de saber quién soy y el amor por la persona a la que quiero desde hace casi 13 años. 


13 comentarios:

emma dijo...

me he emocionado. no tengo palabras

Octavio Caraballo dijo...

Muchas gracias, Emma. Un abrazo

Anónimo dijo...

Bravo !!!

Salva dijo...

ole ole y oleeeeee octavio :-)

Octavio Caraballo dijo...

Muchas gracias, Salvita!!!!

Armiche dijo...

Me ha encantado la reflexión y, sobre todo, el final feliz. ¡Muchas suerte niño! Y que nunca dejes esa vitalidad con la que nos contaminas.

Octavio Caraballo dijo...

Vitalidad la tuya, Armiche. Estoy echando de menos a ese gran escritor que eres, guapo. Un abrazo

c dijo...

muy buenos recuerdos Octavio. Eso es lo bueno de tener memoria porque yo de mi infancia no recuerdo practicamente nada, por no decir nada. El final de tu relato es lo mejor

Flory dijo...

Dios mío, Octavio!¡Es que enamoras cuando escribes! ¡Qué orgullosa estoy de tenerte en mi Vida! Yo,que con 43 años me he quedado llena de amor para dar y que me han rechazado, me emociono sabiendo que por lo menos lo puedo canalizar hacia personas que sienten tanto como tú. Jamás entenderé por qué nadie tiene que esconder sus sentimientos y preferencias, ni tampoco por qué entre todos hacemos que se sientan un@s depravad@s. Soy heterosexual pero más sola que la una.jajaja. ¿Me habré equivocado? FLory Caraballo

Octavio Caraballo dijo...

Sí, son muy buenos recuerdos y, en cuanto a la memoria, me acuerdo más del pasado que del presente reciente. Flory, muchas gracias por tu comentario. Ésta es sólo la primera parte. Habrá más. Un abrazo y no, no te has equivocado, no has encontrado a nadie que te merezca. ;)

Pablo dijo...

Me ha encantado leer estas letras, imagino q no soy el único q se sentirá identificado, y seguro q todos hemos tenido a nuestro propio "guillermo"...Ojalá todas las historias terminen igual de bien q la tuya...suerte en en la nueva andadura de GSN...yo la seguiré de cerca!je
un saludo

Ainhoi dijo...

Qué bonito, Octavio, me ha encantado... El final es genial... Qué claridad la tuya, con tan sólo cinco años! Bravo!

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho,muchímo.
Pero como romántica rematada que soy, según terminé de leer el relato, me quedé pensando en Guillermo ...,
¿Cómo seran sus relaciones hoy?, ¿Habrá tenido que abrir algún armario a lo largo de su vida?, ¿Habrá leido y habrá recordado?...

Es la primera vez que entro en GSN, y debo decir que estoy impresionada.
Llevo un rato pensando... Octavio ha empezado algo grande, algo que está ayudando de una manera o de otra a muchas personas.
FELICIDADES.
gemma-Haría.