miércoles, 23 de febrero de 2011

Tefía es pasado


Octavio García, uno de los recluidos en el centro para homosexuales de Tefía

Por Alberto Delgado (Gran Canaria)

Me apena muchísimo leer los relatos que se han publicado en los últimos días: una señora que reconoce a su hija que es lesbiana tras la muerte de su marido y un hombre, de 55 años, que ha asumido que seguirá viviendo su homosexualidad en la oscuridad de una sala de cine y de espaldas a su familia.


Entiendo que no debió ser fácil para ambos asumir que su orientación sexual era diferente en una época en la que existía una fuerte represión contra los gays y lesbianas e, incluso, eran castigados con la famosa ley de vagos y maleantes, en la que se establecía las siguientes penas contra los homosexuales:

  • a) Internado en un establecimiento de trabajo o colonia agrícola. Los homosexuales sometidos a esta medida de seguridad deberán ser internados en instituciones especiales y, en todo caso, con absoluta separación de los demás.
  • b) Prohibición de residir en determinado lugar o territorio y obligación de declarar su domicilio.
  • c) Sumisión a la vigilancia de los delegados.


No podemos olvidar que, incluso, en Canarias, en la isla de Fuerteventura, se abrió un centro de internamiento en el que fueron confinados cerca de un centenar de homosexuales, que sufrieron todo tipo de vejaciones. Recuerdo un artículo publicado en el diario El Día, titulado “El Auschwitz de Fuerteventura”.

Muy pocos de los que aún viven se atreven a reconocer públicamente su paso por aquel centro, en el que eran recluidos por el simple hecho de reconocer su homosexualidad. Los relatos desgarradores que han trascendido ofrecen una clara idea sobre el trato al que eran sometidos.

Uno de ellos, Octavio García dijo, en su momento, lo siguiente: "pasé hambre, miseria, llanto, sufrimiento y mucho más. A veces pienso en que no sé cómo pude salir vivo de Tefía, pero también creo que he podido disfrutar después de la vida porque no me he ocultado, no me he negado, y lo que sí he hecho es ser muy recatado y sencillo. Nunca me ha gustado la ostentación ni el escándalo y sí el decoro. Allí nos daban una comida al día y nos tenían haciendo trabajos forzados de sol a sol, sobre todo cargando agua de un pozo y llenando bidones con agua salobre, que era la que nos daban de beber. Yo creo que la gente conoce más los campos de concentración nazis, pero en Canarias teníamos Tefía y yo creo que era igual que Auschwitz".

Octavio volvió años más tarde a Tefía para asistir a un acto en honor a aquellos que sufrieron los golpes de un sistema intransigente. Y vivió, con lágrimas en los ojos, su reencuentro con un lugar en el que, seguramente, vivió los peores años de su vida.

Por eso entiendo que muchos que nacieron durante la época del franquismo tengan miedo a dar el paso, pero, por suerte, la historia ha cambiado y todo el colectivo LGTB puede enarbolar la bandera de sus derechos y reconocer públicamente su homosexualidad sin temor a ninguna represalia.

Las tristes historias que se han publicado en los últimos días espero que sean los restos de las víctimas de un régimen que ya sólo existe en los libros de Historia. 

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Desconocía, lo que aquí relatas, pero me parece increíble la discriminación existente, e incluso que en Canarias hubiera ese centro. No doy crédito a lo que aquí he leído. Deseo tal y cómo dices en tu titular sea pasado.

Anónimo dijo...

La historia del centro de Tefía es una de las grandes desconocidas de la época del franquismo. Yo tuve la oportunidad de estar en el acto en el que se homenajeó a las víctimas que pasaron por él. Hay un libro sobre este tema que se titula "Viaje al centro de la infamia". Si quieres leer algo más, pincha en el siguiente enlace:

http://enel-camino.blogspot.com/2009/05/tefia-recuerdos-de-octavio-garcia.html

Lourdes dijo...

Esto demuestra que la causa LGTB no es una frivolidad como uchos piensan.

Pancho dijo...

Yo estuve en ese acto.Fue muy emocionante y de alguna forma se trataba de reparar ese dolor. Pero la imagen terrible que se me quedó de ese acto es que cuando Octavio subió al escenario, del salón de actos de Tefia, a recibir el aplauso y la placa en recuerdo del acto, Octavio, que estaba a mi lado, se puso las gafas de sol. Si, las gafas de sol, oscuras... Aún hoy, después de tanto tiempo, el dolor permanece en el fondo de Octavio, como en muchos de nosotros por las injurias. Si los jóvenes que agreden o se toman a la ligera los insultos, supieran que ese tipo de dolor poco se repara, posiblemente sentirían que cada persona tiene parte de responsabilidad en hacerlo o permitirlo. ¿ Quién es capaz de dormir con tanta carga? Gracias Octavio por atreverte a representar a tantas personas que pasaron por allí.