lunes, 14 de enero de 2013

No soy lesbiana, pero mi madre sí

La historia de una madre que desvela su homosexualidad a su hija tras la muerte de su marido, escrita por Daniela (Bilbao), es uno de los relatos más leído en GSN. Relato que rescatamos hoy coincidiendo con la celebración del "Día de la Visibilidad Lésbica".

Por Daniela (Bilbao)

Yo no soy lesbiana, pero mi madre sí. Parece una frase recurrente que se usa en las camisetas que se venden en las tiendas de Chueca, pero es también mi realidad y la de mi familia. Una situación muy diferente a la que han descrito otros y otras. No fui yo quien le revelé a mi madre mi homosexualidad. Fue ella la que, tras la muerte de mi padre, se sinceró conmigo, su única hija, y me dijo un secreto que había guardado 50 años.
Lo tenía todo preparado. Muchos años pensando cómo lo haría. Y, pese a ello, no pudo siquiera reprimir las lagrimas sin haber terminado la primera frase. La angustia de confesarme su secreto le impidió acertar en el uso de las palabras que había ensayado muchos años frente al espejo.

Esperó a que falleciese mi padre para decirme no sólo que era lesbiana sino que, además, llevaba una doble vida desde hacía mas de 20 años.

Dos décadas en la que cumplió escrupulosamente con su papel de esposa y madre y sus escapadas a Madrid con la excusa de visitar a unas amigas de la infancia, pese a que su verdadero propósito era reunirse a escondidas con su amante, Adriana, en un apartamento que alquilaban en una pensión de la calle Echegaray. Era el único espacio en el que ambas podían expresar sus verdaderos sentimientos y acariciarse sin temor a ser descubiertas.

Mi madre me reveló su orientación sexual en 2005, un mes después de la muerte de mi padre. Ella había nacido 50 años antes, en 1955, y se había trasladado con sus padres desde Madrid a Bilbao en busca de un trabajo en el incipiente sector industrial.

En 1974, con apenas 19 años, y en plena decadencia del régimen del moribundo Francisco Franco, contrajo matrimonio con mi padre. Un hombre que, según ella, le aportaba seguridad, serenidad y mucho cariño. Era un hombre bueno.

En 1985, en una visita a su madre, se reencontró con una amiga del barrio y, poco a poco, comenzaron a escribirse y a expresar, entre líneas, los sentimientos que comenzaban a aflorar.

Mi madre, que hasta ese momento se escudaba en mil excusas para no viajar a Madrid, comenzó a ir de manera asidua a la ciudad en la que había nacido, pero que, curiosamente, era un territorio extraño en el que se sentía incomoda.

El marido de Adriana murió en 1999 y, desde entonces, y aprovechando que sus hijos ya no convivían con ella en su domicilio, comenzaron a verse en su vivienda. Fue su primer gesto de rebeldía y de reivindicación de una relación que, pese a la distancia, se fortalecía con el paso de los días.

Adriana, mi madre y yo somos, desde entonces, una familia. Mi madre fue valiente, pero Adriana no se atreve. Teme que sus hijos no la entiendan y no acepten su homosexualidad.

No vivimos bajo el mismo techo. Nosotras mantenemos nuestra casa de Bilbao y Adriana la suya, en Madrid, pero la distancia y los viajes no son un inconveniente. Ambas planifican sus encuentros como dos adolescentes que viven cada viaje con el mismo nerviosismo y pasión que el primer día.

Echo de menos a mi padre y mi madre también. Fueron muchos años juntos. Adriana (nombre ficticio) ocupa otro lugar. Es mi segunda madre.

Mi nombre también es un seudónimo. Y la única foto que me han sugerido que publique es una de la calle de Echegaray, en la que vivieron sus primeros encuentros amorosos.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Se me ha puesto la carne de gallina al escuchar la historia!
Espero que os vaya todo muy bien.

Anónimo dijo...

Sabeis que? Espero seais muy felices, os deseo lo mejor en la vida. Una grande hístória.

Anónimo dijo...

Me ha encantado tu historia. Me ha parecido muy tierna:))

pkzr dijo...

Mi padre también lo es. Aunque no me lo ha contado...

Butterflied dijo...

Las circunstancias nos llevan a veces a hacer lo que creemos mejor para nosotros aunque no sea exactamente lo que deseamos... Estoy segura de que tu madre ha querido muchísimo también a tu padre y ha sabido sacar todo lo bueno de él y viceversa. Ahora ha llegado su momento de poder ser como realmente es y me alegro de que haya tenido una hija como tú que la comprenda y la apoye y no haya cambiado su cariño hacia ella.

Siempre pensamos eso de que es difícil salir del armario con nuestros padres y que ojalá fuesen tolerantes, pero se nos olvida de que hay gente que también tiene que salir del armario con sus hijos.

Un abrazo y mucho ánimo para las tres.

EL TALLER DE ARTE dijo...

+

falel dijo...

Adriana, tu mami y tú , a pesar de echar de menos a vuestro padre , lo cual es lógico si fue una persona cariñosa y buena, os merecéis esta oportunidad que la vida os brinda.
Aquí nadie, bueno , si un poquito Adriana, pero con una hija como tú , es normal que hayas nacido de una madre como la tuya.
Disfrutad de la vida . ¡Enhorabuena

falel dijo...

Perdón me refería a que nadie sufre, y claro , Adriana un poquito .