martes, 15 de marzo de 2011

Indiana va más allá y aprueba una ley que prohíbe el matrimonio gay

Indiana quiere sellar cualquier opción de que en su minúsculo territorio, el estado continental de menor tamaño de Estados Unidos, se celebre una unión entre dos personas del mismo sexo.


Este estado de poco más de seis millones de habitantes situado en el medio oeste de Estados Unidos ha decidido dar un nuevo paso atrás en materia de derechos LGTB tras la aprobación por parte de la Cámara de Representantes de una ley que prohíbe el matrimonio y las uniones civiles de dos personas del mismo sexo. 

Indiana, uno de los territorios más conservadores de Estados Unidos, en el que impera la ley del Partido Republicano más intolerante, es una tierra poco fértil en cuestiones de igualdad y el último ejemplo lo ha protagonizado su Cámara de Representantes tras dar luz verde a un texto en el que se indica que "el matrimonio establece que el matrimonio entre un hombre y una mujer será el único válido y reconocido como matrimonio en Indiana. Los estatus legales idénticos o sustancialmente similares al del matrimonio para las personas del mismo sexo no serán válidos o reconocidos".

La ley seguirá su curso y su próxima parada será el Comité Judicial del Senado, en la que muy pocos dudan que haya un paso atrás ya que el Partido Republicano cuenta con una mayoría solvente en dicha institución.

Los legisladores no atendieron, una vez más, las demandas de las asociaciones LGTB, que volvieron a manifestarse coincidiendo con la votación para exigir “los mismos derechos” y no “derechos especiales”.

Tiramos de hemeroteca y nos encontramos con algunos casos que evidencian que la homofobia campa a sus anchas en las llanuras de Indiana.

Su última víctima fue un joven de 15 años, Billy Lucas, de Greensburg, que en octubre de 2010 se quitó la vida, presumiblemente, por  no soportar el acoso al que era sometido por sus compañeros de instituto. La dirección del centro negó en todo momento que sufriera acoso, pero sus amigos aseguraron que era constante por varios compañeros. Una crónica de este suceso relata que “entre otras acciones se burlaban de él utilizando motes femeninos y le amenazaban constantemente con pegarle una paliza. El joven apenas se defendía de sus acosadores”.