jueves, 23 de junio de 2011

¿Qué pecado hemos cometido para sufrir a esta Iglesia?


Rouco Varela

La Iglesia española se prepara, una vez más, para torpedear con toda su artillería de dictados en nombre de Dios un nuevo proyecto de ley que no cuenta con su beneplácito. Tras su firme oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo y a la nueva ley del aborto, entre otras, ya han iniciado su ofensiva contra el proyecto de ley reguladora de los derechos de la persona ante el proceso final de vida (la llamada ley de muerte digna).


¿Qué pecado hemos cometido para sufrir la oposición de la Iglesia a iniciativas legislativas que cuentan con el apoyo de la inmensa mayoría de la sociedad española? Ya se sabe que, cuando topamos con la Iglesia, la reacción de los obispos y toda su corte suele conllevar la convocatoria de concentraciones públicas masivas y las recurrentes amenazas a los diputados y diputadas de ser excomulgados en el caso de su apoyo a iniciativas que, según ellos, contravienen los postulados del catolicismo.

La Iglesia española, tan alérgica a la calle en otros tiempos, ha comenzado a organizarse para expresar su oposición a la ley de muerte digna en el próximo otoño, en vísperas de las elecciones generales que, en principio, deberían celebrarse en la primavera de 2012. Argumentan que “podría suponer una legalización encubierta de prácticas eutanásicas”.

La Conferencia Episcopal Española, con Rouco Varela a la cabeza, volverá a abandonar el submundo paralelo en el que habitan sus componentes para visibilizar sus ideas en las calles y plazas y que los pecadores que abrazan las propuestas demoníacas del Gobierno sepan que sus ideas no cuentan con la bendición del Todopoderoso (según ellos, claro está). 

1 comentario:

falel dijo...

A la iglesia si que había que aplicar una Ley de memoria histórica , pero con carácter de siglos, para preguntar que entienden ellos por muerte digna. Y no hablo sólo de la Santa Inquisición .
Pero claro, ellos actúan como representantes del Señor en La Tierra. ¡ay ! Pero que mala es la pérdida de poder .