martes, 9 de agosto de 2011

Historia de una transexual, la mía


Mía Vera (México)

Mi historia comienza el día 10 de noviembre de 1991: nace un bebé de sexo masculino y a pesar de que su madre quería tener una niña ese bebé fue muy querido y amado por su madre que siempre dijo "lo que me mande Dios".

Bueno, ese bebé fue creciendo poco a poco con ropa de niño, juguetes de niño y siempre fue tratado como "él".  Al crecer ese niño, a pesar de que aún vivía con su papá, su mamá y un hermano, el niño, de aproximadamente 4 ó 5 años, se sentía identificado con las cosas que hacía su mamá.  No lo sabía expresar con palabras pero empezaba a observar las cosas que hacía ella como maquillarse, usar tacones, peinarse, usar vestidos, joyas, etc.

Entonces al llamarle tanto la atención esa forma de ser de su mamá, el niño comenzó a tomar las cosas de ella cuando no estaba, como ponerse sus zapatillas y los vestidos.  Su mamá aún no se percataba de la conducta que estaba tomando su hijo, pero al entrar al kinder su impulso hacia las cosas de niñas creció muy notoriamente.  Comenzó a meterse a la casita de muñecas, a jugar con los trajecitos y los juegos de niñas que ahí había. Al darse cuenta la profesora de las conductas "anormales" que estaba tomando el niño, mandó llamar a su mamá y le dijo las cosas que estaba haciendo su hijo, pidiéndole que cuanto antes lo llevara a una reunión con él o la psicóloga escolar que le tocara.

El niño, al llegar ahí, no supo porqué la psicóloga le puso enfrente dos muñecos de bebé desnudos, le preguntó que cuál de los dos creía que era él.  Este niño se percató de que había diferencias en los dos, pero tomó el que no se parecía a lo que él tenía de órganos sexuales.  La psicóloga le explicó cómo era un niño y una niña y que el niño debería tomar al que tenía pene y testículos.  Las sesiones continuaron pero el niño seguía sintiéndose atraído por las cosas femeninas.  Su mamá seguía preocupada ya que no cambiaba la forma de comportamiento que tenía su hijo y le preguntó a la psicóloga qué era lo que pasaba.  La psicóloga respondió que, a veces, por las madres, los hijos son muy femeninos, los niños tomaban ese comportamiento por lo que veían pero que podía ser pasajero.

La mamá empezó a cambiar un poco su comportamiento de mimarlo o consentirlo y hasta ella se comportaba de manera diferente, como más "hombruna". El niño se sintió reprimido al tener que jugar con cochecitos, muñequitos, soldaditos, a pesar de que no era algo que sintiera que fuera malo, no le gustaba jugar con eso y prefería jugar con muñecas y vestirse de niña.

El tiempo pasó, llegó a la primaria, conoció nuevos niños y se hizo muy amiguito de un niño y su confusión empezó ahí.  Que ya no sólo le gustaba jugar con muñequitas y trajecitos, sino que se sentía protegido con el otro niño y tenía muy claro que se sentía atraído hacia él.   Conforme fueron pasando los años, el niño fue dándose cuenta que los niños deberían de estar con niñas, y que era "malo" gustarse del mismo sexo.

El niño fue más rechazado por la parte masculina, además de que no pensaba igual que sus compañeritos. Se inclinó y se sintió identificado con las niñas.  Todo el tiempo estaba jugando con ellos y se sentía una niña más, aunque la vieran así.  Sentía tristeza al ver que a sus amigas les mandaban cartas de amor los otros niños y a él no le daban nada y no lo veían de la misma forma.

Al salir de la primaria conoce muchas personas nuevas y hace nuevas amigas y ahí es cuando les cuenta sus experiencias y su sentir.  En ese momento, el niño, con lo poco que pudieron enseñarle en la escuela sobre identidad, entendió que era "gay" y que no podía expresarlo abiertamente porque sería juzgado.  En ese momento entendió que tenía que comportarse como niño y que no podía expresar que en realidad él era una niña atrapada en un cuerpo equivocado.

Vivió como hombre los tres años de la secundaria, pero a los 15 años su mamá descubre que su hijo efectivamente tenía atracción por los hombres al ver que escribía un tipo de diario en el que decía que amaba a un chico, pero que aún no podía ser correspondido.  La mamá habló con su hijo y pues entendió que tenía supuestamente un hijo "gay".

El chico fue creciendo de una forma reprimida, porque creía que era gay, al salir con chicos de su mismo sexo se sentía bien, pero como que algo faltaba y ese algo era sentirse MUJER, ya que no le gustaba que los chicos lo trataran como hombre, sin esos detalles con los que se trata a una mujer.  Pero el miedo que sentía era que al vestirse de mujer se vería mal como una travesti que trabajaba en una estética cerca de su casa.

Por la misma ignorancia y falta de cultura, él creía que sólo existían los homosexuales y los travestis, pero al cumplir 17 años se dio cuenta que esa no era su verdadera identidad.  Que el ser gay no era su forma de vivir y existir, que tenía que hacer algo para encontrarse a sí mismo, buscando en internet, se dio cuenta que no necesariamente tenía que ser travesti y entendió el significado de lo que era y descubrió que en realidad era una transexual.

Poco a poco fue cambiando su forma de vestir y al conocer que existían hormonas fue a un endocrinólogo y con varios psicólogos para definir su causa y efectivamente era una chica trans.  Empezó su tratamiento de hormonización, lleva 7 meses viendo cómo va cambiando su cuerpo y se siente muy feliz, porque a fin de cuentas, su mamá la ama tal y como es.  Y no le preocupa lo que digan los demás.

Mía seguirá con todo su proceso y saldrá adelante ante todo y luchará por sus derechos.

Atentamente

Mía Vera

(*) Mía Vera está participando en el reality mexicano La Homofobia Está Out. 
www.lahomofobiaestaout.com


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