martes, 19 de febrero de 2013

Ihdra

ARG (Málaga)


A mí, la vida me lo puso fácil. Siempre me atrajo el sexo, que descubrí en mi cuerpo a muy temprana edad. Desde mi primer beso a los doce años con un chico, me excitaba el contacto de la piel con la piel, me hacía estremecer.

Pero no fue hasta la primera vez que mis labios besaron a otra mujer, cuando nacieron en mí esas sensaciones que habían estado latentes durante los primeros 26 años de mi vida.

Y ahí comenzó mi trayectoria como lesbiana-gay-bisexual. Desde ese momento tuve ante mí una serie de experiencias nuevas que probar, y me metí de lleno en la vorágine de este cambio de instintos sexuales tan apetecibles y tan llenos de sensaciones nuevas que recorrían cada centímetro de mi cuerpo.

Pasaron por mi vida personajes entrañables que me hicieron ir aprendiendo, e investigando en este nuevo mundillo de manera que conseguí al final llegar a la meta. DISFRUTAR DEL SEXO!!

He sido y soy una mujer, porque yo me considero una mujer muy femenina, afortunada en la vida. Aún sin contarlo a los cuatro vientos, ni salir del armario de forma oficial, todas las personas que me rodean y me han rodeado hasta el momento, se han subido a mi tren de una manera u otra, aceptando a la persona y no a la orientación sexual. Si no lo hacían, yo simplemente no existía para ellos.

Así que por eso encaucé mi profesión a la ayuda de esas personas que no habían tenido tanta suerte como yo, y es ahí donde realmente descubrí lo tremendamente dura que puede ser la vida para esas personas que no son aceptadas en todo su entorno, o incluso, no lo son por ellos mismos.

De todas las amargas historias que han pasado por mi vida, voy a relatar la que más me impresionó por lo curiosa y dura y que al final -menos mal que feliz- esa persona es hoy en día mi actual pareja, y espero que lo sea para siempre.

Ihdra llegó una fría noche de otoño con un mar en calma chicha a las playas de la costa de Cádiz. Como todos ellos, huía de algo, pero en su caso no del hambre, guerras, represiones políticas, ni de los millones de problemas que existen en su tierra.

Huía de la incomprensión.

Había nacido en el seno de  una familia de la alta sociedad de su país, en el sur de África. Por contra y por haber nacido mujer, su educación se limitó a prepararse para el matrimonio. En esa sociedad la mujer de clase alta no tenía el derecho, aunque parezca una contradicción, a ser educada académicamente. Así que sólo le enseñaron a leer y escribir por ser lo básico. Y el resto del tiempo era el culto al cuerpo y a la belleza.

Debía tener un físico perfecto para poder conseguir al mejor marido posible. Con ello su familia, que no ella, conseguía subir más en el estatus establecido de su sociedad.

Pero eso no era lo que ella quería. Ella soñaba con ADELLE.
            
Adelle era la única ilusión en su vida desde que tuvo consciencia. Desde que empezó a balbucir y a darse cuenta de todo lo que le rodeaba, lo primero que vio en su vida fue a ella.
            
Curiosamente, Adelle, era igual que ella, vestía, gesticulaba, balbuceaba, sonreía, soñaba, sentía igual que ella...
            
Pero la gran diferencia entre ellas era que Adelle sí era feliz, y ella no. Adelle hacía todo lo que ella no podía hacer por ser quien era. Estudiaba, jugaba con los juguetes de sus hermanos, hacía deportes de chicos y vestía como ellos, se instruía y sobresalía en todo lo que hacía.
            
Y cada noche antes de dormir Adelle le contaba a Ihrad su día, e Ihrad lo vivía con ella y se quedaban dormidas juntas abrazadas, sabiendo que eran el complemento la una de la otra.
            
Fue pasando el tiempo y ellas fueron creciendo a la par, las dos eran dos gotas de agua. Dos bellezas de color ébano, con enormes ojos verdes, con un ligero matiz marrón, acompañados de largas pestañas que  casi se unían a unas cejas negras dibujadas a la perfección en un rostro fino y alargado en el que resaltaban unos labios rosados carnosos como un perfil tatuado a conciencia y una nariz de efebo egipcio. El negro pelo largo acompañaba en su caída a unos hombros perfilados por el duro ejercicio diario y un torso en el que sobresalían unos pechos tan solemnemente perfectos, que parecían la prolongación de esa magnética y suave piel, acabando en un bello púbico lindamente diseñado por la naturaleza que parecía un oasis abriéndose hacia la culminación de la perfección por dos esbeltas ramas largas del árbol de la vida, sus piernas.
            
Y en ese vivir y convivir juntas, se fueron enamorando, llegando a una simbiosis total en la que no estar juntas era la muerte para ellas.
            
Ihdra tenía mucha confianza con su madre y un día le contó la historia de Adelle. Increíblemente para ella, su madre la abofeteó y la echó de su habitación. Era algo impensable que su hija se hubiera enamorado de una mujer y además ¿quién era esa tal Adelle? Ihdra fue recluida en su habitación y  sólo podría ver a su familia y al servicio.
            
Pero lo que todos ignoraban era que Adelle vivía con ella. Vivía en ella. Durante un tiempo, Adelle asumió el encierro e incluso agradeció esa reclusión porque así estaban juntas todo el tiempo.
            
Pero llegó un momento en el que Adelle empezó a ahogarse, necesitaba salir al mundo, ver la ciudad, la gente, en resumen ver la vida, vivir.
            
Por el contrario, Ihdra se sentía cada día más desgraciada por que veía que su amor se alejaba a poquito de ella. Y llegado el momento la relación estalló. Una quería vivir y la otra quería seguir sumida en ese limbo que su familia le había creado y en el que tenía todo lo necesario. La tenía a ella, era suficiente. Con el paso de los días las discusiones eran más frecuentes y los encuentros amorosos se fueron espaciando, hasta que Ihdra reprochó a Adelle que ya no la quería, pero no era eso, seguían siendo la una de la otra, pero una moría y la otra sobrevivía.
            
El destino quiso que la situación cambiara de una manera drástica.
            
Un día apareció su madre con el hombre con el que debía casarse en apenas dos semanas. Así que cuando ellas se quedaron a solas, el miedo las aterrorizó de tal manera que no podían reaccionar ni pensar. Adelle, que siempre había sido la más fuerte, ideó un plan para escapar de aquella tragedia.
            
Con el dinero que consiguiera de la venta de las joyas que le habían sido regaladas, escaparían juntas a un país en el que pudieran vivir juntas y libres. Adelle consiguió escapar una noche y buscó por los antros y garitos de la ciudad a un personaje extraño que  decidió ayudarlas a escapar. Por el contrario, no sólo les tendrían que pagar, sino que recibiría los favores de las dos en una sola noche.
            
Llegados a un acuerdo decidieron el día, lugar y hora en la que se escaparían, con ropas típicas de las tribus de su país para no llamar la atención, un atillo y el dinero.
            
Aquella noche fue en la que ocurrió la tragedia. Al llegar al lugar de encuentro con aquel personaje extraño, Ihdra se quedó impactada, nunca había visto a un hombre con tanta maldad en sus ojos, fiel reflejo de la sociedad reprimida en la que el pueblo de su país vivía.
            
Todo ocurrió tan rápido que hoy en día lo recuerda como un mal sueño. Adelle para proteger a Ihdra de tener que acostarse con ese personaje extraño, decidió que sería la primera y así lo mataría y su amor estaría libre. Pero Ihdra también había pensado lo mismo, en ese momento ambas chocaron, era tanto el amor de la una hacia la otra que en esa indecisión, el personaje extraño entró en acción y de una manera cruel, asestó una puñalada en el vientre a una de ellas, les robó el dinero y huyó dejándolas abandonadas en aquel callejón inhóspito de la ciudad.
            
Viendo correr la sangre de una por las manos de la otra, se les fue yendo la vida a ambas. Pero esto no tenía que ser así, una tenía que salvarse por la otra, tenía que vivir por la otra, tendría que luchar duro por ese gran amor que se estaba apagando poco a poco.
            
El destino quiso que Ihdra se dejara morir esa noche y en lo más hondo de sí, Adelle sintió la dura sensación de su alma rota en dos para siempre.
            
Pero fue la otra mitad la que la sacó de ese ensueño en el que estaba. Al reaccionar se dio cuenta que o salía de aquel callejón como podía o moriría también como su amor. Lo tenía que hacer por ella, por Ihdra, por su media vida,..., por su media alma.
            
Sola, herida y desahuciada buscó ayuda en su fiel asistenta, que la había visto crecer y conocía de las historias de Ihdra y Adelle. Y como fiel amiga, la curó y le consiguió dinero para poder desaparecer del país y buscar una nueva vida en otro lugar.
            
Y aquí es donde aparezco yo en la historia.
            
Como ya dije fue en las playas de Cádiz donde la encontré. Y esa mitad de Adelle que había muerto aquella noche en el callejón, resucitó conmigo. Aunque parezca un tópico, la simple mirada a esos ojos verdes con un ligero matiz marrón, fundieron su alma con la mía y a partir de entonces volvió la simbiosis que había existido entre Adelle e Ihdra, pero conmigo.
            
Su alma volvió a ser una.
            
Los designios del destino, el universo, el amor, las personas, el alma, el cuerpo, la vida, la muerte, la supervivencia, el instinto,..........., EL AMOR, es lo que mueve al mundo, a nuestro mundo, a mi mundo. Y en mi caso se llama IHDRA.

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