viernes, 18 de enero de 2013

ReLaTos GSN: Enséñame a vivir

Sonia Brúnar, autora del relato
Sonia Brúnar (Cádiz)

El momento había llegado. Todos entraron en la sala y tomaron asiento.

- Buenas tardes a todos. Estamos aquí reunidos para establecer la custodia legal del menor de doce años Alejandro Sánchez- dijo con voz contundente el juez.- Doy, en primer lugar, la palabra al abogado de la familia demandante, es decir, la materna.


- Buenas tardes, Señoría. Como habrá leído en los informes, hace ocho meses la madre de Alejandro falleció, por lo que legalmente su custodia pertenece ahora a su padre Jesús Sánchez. Éste, sin embargo, hace cinco años que se fue a vivir, con su actual mujer, a mil seiscientos kilómetros de donde vive su hijo. Lo que queremos denunciar es que desde dicho fallecimiento, el padre del pequeño no ha mostrado ningún interés en hacerse cargo de él, lo que lo ha dejado yendo y viniendo de una a otra casa de sus abuelas, sin tener una vivienda fija que le de la estabilidad necesaria a estas edades. Por tanto, lo que pedimos es que se conceda la custodia a la familia materna, para que el pequeño viva permanentemente con su abuela sin prejuicio de que, como ya era habitual, tenga días en los que esté con su padre y con la familia del mismo -explicó.

- Está bien- asiente el juez- ¿quiere añadir algo el abogado de la defensa?

- Señoría, como sabemos, si la madre del niño fallece la custodia total para a ser del padre y, por tanto, lo que se está proponiendo carece totalmente de sentido.

- Resumiendo, nos encontramos con un niño que acaba de perder a su madre, con la consecuente polémica familiar de quién debe hacerse cargo de él- hace una pausa, mira sus papeles y tras un profundo suspiro continua-. Por favor, que se acerque el padre de Alejandro, Jesús Sánchez.

- Lo siento Señoría,- le interrumpe el abogado del mismo- mi cliente no ha podido estar presente hoy.

- ¿Cuál es el motivo?- pregunta el juez alzando la voz.

- Nos indicó que no podía faltar en su puesto de trabajo y que él no tiene inconveniente en que el niño viva allí con él.

- Entenderá usted que no me basta con que me diga que su padre "no tiene inconveniente" en que su hijo viva con él- dijo mientras hacía el gesto de entrecomillar las palabras del padre.- Además, estamos aquí para establecer si debe seguir o no siendo quien custodie a su hijo ¿no cree usted que el tema requería de su presencia?

- Pues..supongo...- el abogado titubeó sin poder ocultar la cara de resignación por tener que reconocer que su cliente estaba mostrando poco interés por el caso que les ocupaba.

- ¿Es consciente de que podría quitarle la custodia inmediatamente por el simple hecho de dejar una constancia tan clara de su poca responsabilidad como padre? Esto es un abandono del menor. Debería denunciarlo por tal hecho y anular este juicio hasta que todo esto se aclare- dijo con indignación al mismo tiempo que se levantaba de su asiento.

- ¡No, por favor!- Gritó Alejandro.

El juez se sentó despacio en su sillón y ladeó la cabeza como si el grito de Alejandro le hubiese hecho volver a una realidad de la que su enfado le estaba apartando. Respiró profundamente tratando de tranquilizarse.

- Alejandro, acércate, por favor.

- Señor, no hace falta que usted denuncie a mi padre. Él no ha venido, pero es que yo tampoco quiero irme a vivir con él -se apresuró a decirle el chico. - Quiero que todo esto termine ya, y quiero vivir aquí, porque aquí está mi familia, mi colegio, mis amigos, no anule el juicio, por favor- le dijo con las lágrimas contenidas en sus grandes ojos negros.

- Está bien. En vista de esta petición y de que el mayor interesado no tiene el más mínimo interés en conservar la custodia del menor Alejandro, vamos a ver qué es lo que tienen ustedes que argumentar al respecto.

- Gracias, muchas gracias- dijo el pequeño entusiasmado.

El juez revisó sus anotaciones y estableció un orden para empezar a realizar las preguntas pertinentes a cada familiar. Quiso saber la edad, el lugar de residencia, la situación económica y los motivos que tenían para pensar que con ellos Alejandro estaría mejor que en otras manos. Lo que quedó, sin la presencia del padre, y según se pudo ver en sus respuestas, eran dos abuelas luchando por el cariño de su nieto, como si eso fuese algo que no tuviesen.

En la cara del juez se reflejaba gran confusión. Esta vez no dijo nada. Se tocaba la frente como si le doliese la cabeza, se quitaba y se ponía las gafas como si no consiguiese ver claro lo que había escrito en su cuaderno. Tras cinco minutos de pausa, se decidió a hablar.

- Me gustaría saber si el menor, que ya tiene cumplido los doce años de edad, quiere usar el derecho a opinar sobre su propio bienestar que el estado le confiere.

Inmediatamente Alejandro se levantó para acercarse al juez. Su cuerpo reflejaba gran nerviosismo, pero su mirada estaba envuelta de seguridad y decisión.

- Alejandro antes de hacerte mis preguntas ¿hay algo que tú quieras decirnos?

- Bueno...yo....- parecía como si las palabras no quisieran salir de su garganta.

- No estés nervioso, Alejandro. Tómate el tiempo que necesites. Estoy seguro de que lo que digas, sea lo que sea, será comprendido por tu familia.

- No quiero hacerles daño- le contestó con una mueca de preocupación.

¿Por qué crees que vas a hacerles daño?

- Señor juez, quiero decirle a mis abuelas que son igual de importantes para mi, porque las dos se portan muy bien conmigo. Las quiero mucho, pero quiero que sigan siendo mis abuelas. Ellas no son mis madres, ni mis abuelos son mis padres.

¿A dónde quieres llegar Alejandro?- dijo el juez con curiosidad.

- Lo que quiero es tener una madre, alguien que haga lo que hacen las madres. Mi padre ni siquiera ha venido al juicio. Sé que me quiere, pero no por eso se ha quedado a vivir aquí conmigo- dijo mientras dos brillantes lágrimas caían por su cara morena.

- Tranquilo Alejandro, si quieres puedes descansar un poco antes de seguir.

- No lo necesito, pero gracias- dijo mientras secaba sus ojos con la manga de la camiseta. Suspiró y miró al suelo.

- Está bien. Pero sigo sin entender qué intentas decirnos, ¿con quién quieres vivir entonces?- preguntó muy confuso.

- Mire, yo tengo una madre que ya me dio esa "casa estable" que todos decís que necesito.

- Sí Alejandro, pero ella se ha ido y ya sabes que no puede volver.

- No, ella no se ha ido, siempre ha estado conmigo. Usted no sabe quién es, pero...- dijo mientras miraba el reloj- ..ya está a punto de llegar.

- ¿Quién está apunto de llegar?- preguntó extrañado el juez.

- Mi madre. Vendrá, me lo prometió.

- No entiendo nada- dijo entre dientes mientras se quitaba las gafas y se frotaba los ojos.

Eran ya las dos de la mañana del día anterior al juicio y no conseguía conciliar el sueño, la cama parecía demasiado pequeña para dar cabida a la gran cantidad de pensamientos y sentimientos que había a mi alrededor. No podía quitarme su voz de la cabeza. Hacía casi cuatro años que no la había oído, que no lo había vuelto a ver y su llamada me había dejado totalmente desconcertada. "...tienes que venir, por favor...", me había dicho entre sollozos.

Desde que dejé de compartir mi vida con él, comencé a tener pesadillas cada noche. Soñaba que me lo encontraba y me abrazaba, que me trataba y me hablaba como si el tiempo, que cada vez nos separaba más, no hubiese existido. Cuando despertaba y comprobaba que no había sido real, la pena me envolvía y me hacía cada vez más pequeña frente al mundo. Aquel día, lo que siempre pensé que sería la peor de mis pesadillas, por no poder alcanzarlo jamás, venía a mi vida; aunque en este caso, a través de una llamada que, a su vez, venía cargada de ciertos matices que, porqué negarlo, me daban un pánico terrible.

A la mañana siguiente cuando llegué al trabajo le pedí al director que me permitiese salir antes para poder acudir a aquella cita, la cual, tenía la sensación de que iba a cambiar toda mi vida.

Al llegar, abrí la puerta de la sala. Los ojos del pequeño Alejandro se abrieron como ventanales y no pudo contener el impulso de correr y lanzarse a mis brazos para terminar de desahogar todo el llanto que llevaba conteniendo desde hacía ya unas horas.

- Hola mi niño, ¡qué grande y qué guapo estás!- le dije mientras intentaba recuperar la normalidad en mi respiración.

- ¡Mimi, sabía que vendrías!- dijo mientras mi corazón se estremeció. Me pareció increíble estar, al fin, haciendo mi sueño de abrazarlo realidad.

- Claro, mi amor, te lo prometí.

- ¡Gracias!

- Venga, campeón, que aún nos queda una batalla que librar- le dije cogiéndolo fuertemente de la mano.

Sentía cómo las piernas me temblaban. Mientras íbamos avanzando por la sala, notaba como las miradas de sus familiares iban reconociéndome y preguntándose qué hacía allí. La realidad era que ni yo misma lo sabía, era él, era "mi niño" el que me impulsaba a no pensar. En mi mente sólo estaba su voz al teléfono pidiéndome que lo adoptase, diciéndome lo mucho que me echaba de menos, suplicándome que no lo volviese a abandonar. ¿Quién podría negarse a eso? Me paré delante de la mesa donde estaban los abogados y el juez, tomé aire, miré sus brillantes ojos y me dispuse a hablar.

- Buenas tardes, mi nombre es Sandra Martín. Estoy aquí a petición de Alejandro. Él quiere que me den a mi su custodia y si es posible que así sea, estaré totalmente conforme, comprometiéndome con mi obligación de tutora legal del pequeño.

- Pero...usted, ¿quién es exactamente?- preguntó algo perplejo el juez.

-¡Señor juez!- Llamó la atención Alejandro.-¿Me deja que yo se lo diga?- le preguntó amablemente.

- Está bien, Alejandro. Necesito saber de qué la conoces y por qué crees que ella es la persona con la que estarás mejor.

- Mire, Mimi era la novia de mi madre. Me conoció cuando yo tenía dos años. Según me contó, era el cumpleaños de mi primo y cuando ella me vio por primera vez yo no paraba de comer cacahuetes con chocolate. Ahí fue cuando ella se enamoró de mi y de Mamá- sonrió mientras volvía la cara hacia mí-. Mimi vivió con Mamá y conmigo durante casi seis años. En ese tiempo se portó conmigo como una verdadera madre, por eso yo siempre la llamé Mimi. Además, es maestra y me ayudaba mucho con la tarea, cuando no me salía bien se sentaba conmigo para explicármela. Me llevaba al parque y siempre hacíamos muchas fotos- paró para coger aire. - Con el tiempo Mamá y Mimi dejaron de llevarse bien y fue Mimi quien tuvo que irse para no dejarme sin casa. Después de eso sólo nos vimos dos o tres veces más, pero yo siempre supe que era Mamá la que no le dejaba verme- volvió a pararse para coger aliento-. Señor juez, sé que con Mimi estaré bien, desde que se fue nunca más llegué puntual al colegio, ni he sacado buenas notas. Además, incluso cuando mi madre aún estaba viva yo nunca estaba con ella. Siempre me dejaba en casa de mi abuela o incluso de alguna de sus amigas porque tenía que trabajar todo el día -hizo una pausa intentando contener el llanto y concluyó-. Nunca le pedí antes esto a Mimi porque creo que la ley solo nos permite tener un padre y una madre, pero ahora ya no tengo ninguna y quiero que sea ella la que ocupe ese lugar. Lo he pensado muy bien.

- Eso no lo podemos dudar Alejandro- afirmó el juez-, pero las cosas no son tan fáciles...

- ¡Ella es mi madre!- le interrumpió Alejandro-. Aunque yo no saliese de su interior, ella siempre me ha dedicado todo su tiempo y me ha enseñado casi todo lo que sé, y ¿quién hace eso?, las madres ¿no señor juez?- le explicó intentado contenerse para no elevar la voz.

- ¿Tiene usted algo que añadir, señora Martín?- preguntó el juez evadiendo dar respuesta a la pregunta de Alejandro.

- Creo que Alejandro lo ha expresado muy bien. Le di todo lo que tenía hasta que su madre me lo permitió y ahora estoy dispuesta a seguir haciéndolo, si eso es lo que él quiere. Los años que hemos vivido separados han sido los más tristes de mi vida. Su ausencia dejó en mí un vacío que nada ni nadie han podido volver a llenar. Antes, mi pensamiento era las veinticuatro horas para él, tenía que preparar cada día su almuerzo, lavarle el uniforme del colegio, recordar que tenía que llevarlo al dentista; el desayuno, la merienda, la cena, preparar el bocadillo del día siguiente; contestar a sus miles de "porqués", planear el viaje del fin de semana, comprarle ese juguete para su cumpleaños, hablar sobre su día al acostarse, comérmelo a besos al despertarlo y un largo etcétera de cosas que daban sentido a mis días. Mi vida sin él nunca más pudo llamarse vida, porque empezaron a sobrarme todas las horas del día y mi mente sólo quería estar dentro de mis sueños, pues allí era el único lugar donde podía seguir dándole todo mi amor. He sentido la felicidad de ser madre y la pena y el desconsuelo de perder a un hijo, sin ni siquiera haber dado a luz - me paré para evitar ponerme a llorar, pero al girarme y ver su cara, las lágrimas resbalaron hasta mi cuello-. Tengo un trabajo estable y con un horario que me permite estar con él todo el tiempo que está fuera del colegio, además, amo a este niño por encima de todo y haría cualquier cosa por él, así que, si es posible, estaré encantada de seguir siendo su madre hasta el último día de mi existencia.

El juez se quedó callado mientras nos observaba. Yo temblaba cada vez más y Alejandro pareció quedar impresionado con mis palabras.

- Supongo que la familia no estará de acuerdo en esto, a pesar de la versión del chico ¿no es así?- dijo mostrando cansancio ante una situación que le estaba desbordando.

- Pues no, Señoría, ninguna de las dos partes estamos de acuerdo con que la custodia sea para Sandra Martín, ya que hay familiares que pueden y deben, por ley, hacerse cargo de Alejandro antes de que deba hacerlo una desconocida- contestó en representación de las dos familias uno de los abogados.

- Así es, pero ha quedado claro que eso es lo que él desea y lo que le haría feliz, y si ustedes quieren se puede hacer que legalmente ella sea quien se haga responsable de él.

- ¡Eso no va a pasar!¡Mi nieto no a vivir con una lesbiana!- gritó una de las abuelas.

- ¡Por supuesto que no!- replicó la otra.

- ¡Orden!- gritó el juez-. Señoras, me gustaría recordarles que la madre de Alejandro tuvo una relación sentimental con la señora Martín, por lo tanto también la están insultando a ella con sus palabras. Además, deberían saber que esa conducta homófoba está penalizada por la ley.

- ¡Estamos hablando de nuestro nieto y no vamos a consentir que viva en una casa llena de orgías!

- ¡Hagan el favor de calmarse! Si continúan haciendo ese tipo de comentarios seré yo mismo quien las demande. No están mostrando ustedes ni el respeto ni la educación que se le debe inculcar a un niño. Será mejor que guarden sus opiniones para otro momento. ¡Se levanta la sesión!- gritó indignado- Volveré en unos minutos con la decisión.

Los treinta minutos hasta que el juez volvió fueron los más largos de mi vida. Los familiares me miraban como si yo les estuviese robando algo, cuando la única realidad era que él me había llamado y que estaba tomando las decisiones por sí mismo. Pero...¿era eso cierto? ¿Podía un niño de doce años tomar esas decisiones tan importantes? ¿Habría hecho mal en concederle ese deseo? Desperté de mis dudas cuando oí su voz decir "suéltame". Lo miré y vi que lo tenían agarrado por el brazo para que no se acercase a mi. Me sentía totalmente fuera de lugar, pero sólo cruzar su mirada conmigo me hacía saber que de poder volver a atrás, haría exactamente lo mismo.

Al entrar en la sala pude ver la impotencia del juez reflejada en su mirada. Se sentó en su sillón y comenzó a hablar.

- Tengo que decirles que me parece muy triste que un niño tenga que vivir este tipo de situaciones. Es doloroso para mí, que también soy padre, ver que estas familias no son capaces de anteponer el amor hacia él, por encima de su propio orgullo, de sus corazones egoístas. Hoy he conocido a un chico que con sólo doce años es capaz de pensar en sí mismo como un adulto, que sabe lo que necesita, que es capaz de encontrarlo por sí solo y que lucha por lo que realmente quiere- suspiró antes de seguir-. Eso sólo pasa cuando alguien ha tenido que valerse por sí mismo en situaciones de responsabilidad en las que un niño jamás debería verse. Alejandro,- le dijo mientras le clavaba la mirada- debes sentirte orgulloso de ti mismo, porque tienes la fuerza y el coraje que muchos ya quisiéramos y porque con tu inteligencia vas a llegar allá a dónde quieras ir. Es evidente que la presencia de la señora Martín en tu vida ha sido más que positiva. Tuviste suerte de tenerla a tu lado a esas edades tan importantes del desarrollo. Sin embargo...-dudó antes de seguir- y, a pesar de ello, debo pedirte disculpas por no poder concederte lo que me pides-. Hizo una pausa e intentó contener su emoción-. Alejandro, legalmente no puedo quitarle la custodia a tu padre, ni negársela a tus abuelas si él estuviese de acuerdo. Como bien has dicho, ellas te tratan bien, y por eso son ellas las que tienen ese derecho.

Alejandro no pudo contener sus lágrimas al oír estas palabras, pero antes de que pudiese decir nada, el juez continuó hablando.

- Aún así, quiero que sepas que voy a dejar constancia de todo lo que has argumentado y, al mismo tiempo, voy a pedir que se realice un estudio de la situación de la señora Sandra Martín por si en algún momento tu familia cambiase de opinión - miró a Alejandro haciéndole el gesto de que aún no había terminado de hablar y cambió su mirada hacia las abuelas-. A ustedes, tan sólo decirles que la custodia es del padre, José Sánchez, y que, por tanto, es él el que debe cuidarlo. En caso de negarse, le será retirada la custodia y estableceremos las medidas oportunas para que Alejandro pase a ser tutelado por otra persona. En ese caso también deberemos estudiar más a fondo la situación de ambas familias y el nivel de estabilidad que pueden aportarle - levantó la mano pidiendo que parase el murmullo que esta afirmación había provocado y se dispuso a concluir-. Por último, y a modo personal, me gustaría acosejarles que, si realmente quieren al chico, se planteen, por una parte, qué tipo de vida desean para su nieto y si privarle de sus deseos le ayudará a conseguirla y, por otra, - hizo una breve pausa, se quito las gafas, levantó la vista y la centró en mis ojos- si no es cierto que no es más madre la que te da la vida, sino la que te enseña a vivirla- cogió su carpeta y se puso de pie-. Se levanta la sesión. Buenas tardes.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha encantado tu relato, me has hecho vivir la historia como propia con lágrimas, espero que tengas mucha suerte como escritora y en todo lo concerniente a tu profesión como profesora. Tu tía paqui, una gran admiradora tuya. Besos.

World Traveler dijo...

Que historia tan tremenda, me has dejado con el nudo en la garganta y con las lagrimas brotando de mis ojos por la impotencia de que las leyes dicen que hacen lo correcto para las personas pero a veces no es mas que una desgracia.

Saludos

Mar Lopez

Sonia Brúnar dijo...

Gracias... Suerte que mi realidad sí que me permite estar con mi niño. Tengo suerte.